Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Queridos Hijos, El Espiritu Santo Por El Padre Celestial Me Ha Hecho La Madre De Jesús Y Con Esto También Vuestra Madre.
En esta reflexión, la Virgen María nos revela una verdad llena de amor y consuelo: que por voluntad del Padre y obra del Espíritu Santo, ella es la Madre de Jesús y también nuestra Madre. Escogida desde siempre por Dios, María dijo sí con confianza y entrega total, permitiendo que el Salvador llegara al mundo. Hoy viene a nosotros como Madre, para guiarnos, ayudarnos, tomarnos de la mano y conducirnos de regreso a su Hijo Jesús, porque su mayor deseo es que nos salvemos y vivamos en el amor de Dios.
Ven espíritu santo llena á los corazones de tus fieles y encienden ellos el fuego de tu amor envi, tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Hoy vamos a reflexionar en un mensaje hermoso de nuestra madre del de octubre del un mensaje profundamente materno y revelador en el que la virgen María nos abre su corazón y nos muestra quién es ella en el plan de Dios y por qué viene á nosotros con tanto amor. Escuchemos primero sus palabras. Nuestra madre empieza por decirnos queridos hijos, el espiritu santo por el padre celestial me ha hecho madre, la madre de Jesús y con esto también vuestra madre. Por eso vengo para escucharlos, para abrirles mis brazos maternos, para darles mi corazón y para invitarlos, á permanecer conmigo. Desde lo alto de la cruz, mi hijo los ha confiado, á mi. No se esfuercen en comprenderlo todo de una vez, porque tampoco yo lo comprenia todo. Sin embargo, he amado y he creido estas palabras tan fuertes y tan tiernas nos conducen al origen de todo la anunciación. Maria no aparece en la historia por casualidad. Fué escogida por el padre desde siempre amada de manera única preparada por el espiritu santo para una mision irrepetible en la historia de la salvacion como nos recuerda San Juan Pablo II, la s. Virgen María se presenta los fieles como ejemplo perfecto de amor á Dios y al prójimo. El todopoderoso cuyo nombre es santo hizo en ella maravillas. El padre la eligió para una mision única ser la madre del salvador esperado. Cuando el ángel le anunció el designio de Dios, Maria, no comprendía todo. No conocia el camino completo. No sabia el dolor que vendria y aun asi creyó. Creyó en Dios, creyó en su palabra, creyó en sus promesas. Y desde esa fe profunda, pronunció el sí que cambió la historia de la humanidad. He aquí la esclava del señor. Hágase en mí, según tu palabra. Eso no fué una frase bonita. Fue entera disponibilidad. Fué un acto de valentía nacida del amor a Dios de confianza absoluta en el padre y de abandono total a su voluntad. María dijo sí, porque amaba á Dios, porque confiaba en él porque se dejó conducir por el espiritu santo. Aunque no lo comprendiera todo. María no se presenta á sí misma. Es el altísimo quien la envía cuando la virgen habla cuando viene, cuando nos busca, cuando nos llama, no lo hace por iniciativa propia. El altísimo la envía y eso nos revela algo inmenso cuanto la ama Dios, cuánta confianza ha puesto en ella? Cuánta belleza ve en su corazón? El padre no confia lo mas sagrado á un corazón cualquiera le confi á María á su propio hijo y al confiarle á su hijo le confia también á todos los que su hijo vino á salvar. Por eso, María es madre, no por mérito humano, sino porque el altísimo la eligió, la preparó, la llenó de gracia y se complació en ella. Por eso hoy la virgen puede decirnos con verdad, como lo dice en el mensaje del de octubre. El espiritu santo por el padre celestial me ha hecho madre, la madre de Jesús. Y con esto vuestra madre, su maternidad comenzó en nazar, pero se vivió de modo supremo en Jerusalem al pié de la cruz. Ay, Jesús nos las confió. Definitivamente. Desde entonces, María viene a nosotros para escucharnos, para abrirnos sus brazos maternos y para darnos su corazón. No para ocupar el lugar de su hijo, sino para conducirnos siempre á él.