Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Permitan Al Espíritu Santo Que Los Cambie y Los Transforme.
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En esta reflexión, nuestra Madre nos invita a abrirnos verdaderamente al Espíritu Santo a través de la oración, el sacrificio y la renuncia, para permitirle que transforme nuestro corazón desde dentro. Nos recuerda que solo el Espíritu Santo puede iluminar nuestra alma con ternura y revelarnos aquello que necesita ser sanado, para aprender a amar como Dios ama y vivir más plenamente en Su amor.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la Tierra. En estos días previos a Pentecostés, nuestra Madre nos vuelve a invitar a prepararnos para la venida del Espíritu Santo. Y aunque este mensaje fue dado hace ya varios años, sigue teniendo la misma fuerza, la misma actualidad y la misma gracia con la que nuestra Madre lo dio aquel día. Escuchemos entonces este mensaje del 25 de mayo de 1998. "Queridos hijos, hoy los invito a que se preparen a la venida del Espíritu Santo a través de la oración y el sacrificio. Hijitos, este es un tiempo de gracia y por eso los invito nuevamente para que se decidan por Dios creador. Permítanle que los cambie y los transforme, que vuestro corazón esté preparado a escuchar y a vivir todo lo que el Espíritu Santo tiene en su plan para cada uno de ustedes. Hijitos, permitan al Espíritu Santo conducirlos por el camino de la verdad y la salvación a la vida eterna. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué mensaje tan profundo y tan lleno de esperanza. Nuestra Madre primero nos dice algo muy importante: "Prepárense a la venida del Espíritu Santo a través de la oración y el sacrificio". Y qué hermoso entender esto, porque la oración no es solamente rezar de vez en cuando, es decidirnos verdaderamente a estar con Dios, a darle tiempo, a abrirle el corazón y también ser fieles a esa oración. Permanecer aunque no sintamos nada, aunque cueste. Porque poco a poco la oración va disponiendo nuestra alma a la acción del Espíritu Santo en nosotros. Y entonces el Espíritu Santo comienza a actuar y a transformarnos desde dentro, poco a poquito, con mucha ternura, con mucha delicadeza. Y mientras más nos abrimos a él, más comenzamos a enamorarnos del amor de Dios. Y desde ese amor, el Espíritu Santo comienza también a revelarnos aquello que necesita ser sanado, transformado y cambiado dentro de nosotros. Y luego nuestra Madre nos habla también del sacrificio. Y muchas veces esa palabra puede asustarnos, pero el sacrificio del que ella nos habla no es algo negativo, es algo hecho por amor. Es una ofrenda, es decirle a Dios Quiero abrirte más espacio en mi corazón y por eso nuestra madre nos habla de la renuncia, del sacrificio y del ayuno, no como castigo, sino como un acto de amor para abrir el corazón a la acción del Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo quiere ir todavía más profundo hasta el centro de nuestra alma, hasta ese lugar interior que muchas veces nosotros mismos no alcanzamos a ver. Y no alcanzamos a descubrirlo hasta que el Espíritu Santo comienza a iluminar nuestra alma. Y lo hace con mucha ternura, con mucha delicadeza, poco a poquito, no para señalarnos, no para juzgarnos, sino para revelarnos aquello que necesita ser sanado. Y entonces empezamos a ver con más verdad lo que hay dentro de nosotros. Tal vez orgullo, egoísmo, envidia, celos, arrogancia, heridas profundas. Y entonces, sí, desde lo profundo del corazón comenzamos a pedirle verdaderamente al Espíritu Santo: ven y sana esto que hay dentro de mí. Transforma mi corazón, hazme más humilde, enséñame a amar. Y entonces comprendemos también por qué nuestra madre nos habla de la oración, del sacrificio y de la renuncia. Porque todo eso va abriendo poco a poco nuestra alma a la acción transformadora del Espíritu Santo. Despertemos a este regalo tan grande. Abramos los ojos del corazón a todo lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nuestra vida, a ese plan que él tiene para nosotros. Y por eso, en estos días previos a Pentecostés, preparemos nuestro corazón, permanezcamos en oración, hagamos pequeños sacrificios por amor, invoquemos más al Espíritu Santo y permitámosle que nos cambie, que nos transforme y que haga de nosotros almas nuevas, llenas del amor de Dios.