Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje

Permitan Al Espíritu Santo Que Los Cambie y Los Transforme.

Paty Gallego Season 4 Episode 92

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En esta reflexión, nuestra Madre nos invita a abrirnos verdaderamente al Espíritu Santo a través de la oración, el sacrificio y la renuncia, para permitirle que transforme nuestro corazón desde dentro. Nos recuerda que solo el Espíritu Santo puede iluminar nuestra alma con ternura y revelarnos aquello que necesita ser sanado, para aprender a amar como Dios ama y vivir más plenamente en Su amor.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la Tierra. En estos días previos a Pentecostés, nuestra Madre nos vuelve a invitar a prepararnos para la venida del Espíritu Santo. Y aunque este mensaje fue dado hace ya varios años, sigue teniendo la misma fuerza, la misma actualidad y la misma gracia con la que nuestra Madre lo dio aquel día. Escuchemos entonces este mensaje del 25 de mayo de 1998. "Queridos hijos, hoy los invito a que se preparen a la venida del Espíritu Santo a través de la oración y el sacrificio. Hijitos, este es un tiempo de gracia y por eso los invito nuevamente para que se decidan por Dios creador. Permítanle que los cambie y los transforme, que vuestro corazón esté preparado a escuchar y a vivir todo lo que el Espíritu Santo tiene en su plan para cada uno de ustedes. Hijitos, permitan al Espíritu Santo conducirlos por el camino de la verdad y la salvación a la vida eterna. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué mensaje tan profundo y tan lleno de esperanza. Nuestra Madre primero nos dice algo muy importante: "Prepárense a la venida del Espíritu Santo a través de la oración y el sacrificio". Y qué hermoso entender esto, porque la oración no es solamente rezar de vez en cuando, es decidirnos verdaderamente a estar con Dios, a darle tiempo, a abrirle el corazón y también ser fieles a esa oración. Permanecer aunque no sintamos nada, aunque cueste. Porque poco a poco la oración va disponiendo nuestra alma a la acción del Espíritu Santo en nosotros. Y entonces el Espíritu Santo comienza a actuar y a transformarnos desde dentro, poco a poquito, con mucha ternura, con mucha delicadeza. Y mientras más nos abrimos a él, más comenzamos a enamorarnos del amor de Dios. Y desde ese amor, el Espíritu Santo comienza también a revelarnos aquello que necesita ser sanado, transformado y cambiado dentro de nosotros. Y luego nuestra Madre nos habla también del sacrificio. Y muchas veces esa palabra puede asustarnos, pero el sacrificio del que ella nos habla no es algo negativo, es algo hecho por amor. Es una ofrenda, es decirle a Dios Quiero abrirte más espacio en mi corazón y por eso nuestra madre nos habla de la renuncia, del sacrificio y del ayuno, no como castigo, sino como un acto de amor para abrir el corazón a la acción del Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo quiere ir todavía más profundo hasta el centro de nuestra alma, hasta ese lugar interior que muchas veces nosotros mismos no alcanzamos a ver. Y no alcanzamos a descubrirlo hasta que el Espíritu Santo comienza a iluminar nuestra alma. Y lo hace con mucha ternura, con mucha delicadeza, poco a poquito, no para señalarnos, no para juzgarnos, sino para revelarnos aquello que necesita ser sanado. Y entonces empezamos a ver con más verdad lo que hay dentro de nosotros. Tal vez orgullo, egoísmo, envidia, celos, arrogancia, heridas profundas. Y entonces, sí, desde lo profundo del corazón comenzamos a pedirle verdaderamente al Espíritu Santo: ven y sana esto que hay dentro de mí. Transforma mi corazón, hazme más humilde, enséñame a amar. Y entonces comprendemos también por qué nuestra madre nos habla de la oración, del sacrificio y de la renuncia. Porque todo eso va abriendo poco a poco nuestra alma a la acción transformadora del Espíritu Santo. Despertemos a este regalo tan grande. Abramos los ojos del corazón a todo lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nuestra vida, a ese plan que él tiene para nosotros. Y por eso, en estos días previos a Pentecostés, preparemos nuestro corazón, permanezcamos en oración, hagamos pequeños sacrificios por amor, invoquemos más al Espíritu Santo y permitámosle que nos cambie, que nos transforme y que haga de nosotros almas nuevas, llenas del amor de Dios.