Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje

Comprendan Que Este Es Un Tiempo De Gracia Para Cada Uno De Ustedes.

Paty Gallego Season 4 Episode 93

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La Virgen María nos recuerda que estamos viviendo un verdadero tiempo de gracia. En esta preparación para Pentecostés, ella ora por nosotros y con nosotros, suplicándole al Espíritu Santo que nos ayude y aumente nuestra fe para que podamos abrir el corazón y aceptar los mensajes que vienen del cielo. 🌷

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Nos estamos acercando a Pentecostés, y precisamente en este mensaje del 25 de junio del 2002, la Virgen María nos muestra el camino para prepararnos para Pentecostés. Ella nos dice: "Queridos hijos, hoy oro por ustedes y con ustedes para que el Espíritu Santo les ayude y aumente vuestra fe, para que acepten aún más los mensajes que les doy aquí en este lugar santo. Hijitos, comprendan que este es un tiempo de gracia para cada uno de ustedes y que conmigo ustedes están seguros. Quiero conducirlos a todos por el camino de la santidad. Vivan mis mensajes y pongan en vida cada palabra que les doy. Que estas les sean preciosas porque vienen del cielo. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué ternura tan grande hay en estas palabras. La Virgen no solamente nos invita a orar, ella misma ora por nosotros y con nosotros. No estamos solos. Como madre, intercede, suplica y presenta nuestras necesidades ante Dios. Ella sabe que muchas veces nuestra fe es pequeña, frágil o distraída, y por eso le pide al Espíritu Santo que venga en nuestra ayuda. Qué importante es esa palabra: ayuda. La Virgen le ruega al Espíritu Santo que nos ayude a abrir el corazón, que aumente nuestra fe y que podamos aceptar aún más los mensajes que ella nos da en ese lugar santo. Un lugar santo escogido por Dios para este tiempo. Un lugar donde el cielo toca la tierra de una manera especial. Un lugar donde María durante casi cuarenta y cinco años ha venido a llamarnos a la conversión, a la oración, a la paz y al regreso a Dios. Y por eso necesitamos al Espíritu Santo, porque sin él el corazón puede endurecerse, acostumbrarse a no alcanzar a comprender la grandeza de esta gracia. Pero cuando el Espíritu Santo actúa, comenzamos a reconocer que esto no es algo ordinario, es un verdadero tiempo de gracia para cada uno de nosotros. La Virgen misma nos lo dice: comprendan que este es un tiempo de gracia para cada uno de ustedes. Qué fuerte y qué hermoso es pensar que el cielo sigue buscándonos, que Dios en su infinito amor continúa enviándonos ayuda, luz y dirección por medio de la Virgen María. Y luego María nos llena de consuelo cuando nos dice: conmigo ustedes están seguros. Quiero conducirlos a todos por el camino de la santidad. Como una madre que toma la mano de sus hijos para llevarlos hacia Jesús, Así María también quiere conducirnos por el camino que lleva a la vida eterna. No promete una vida sin cruces, pero promete su cercanía, su intercesión y su guía maternal para no perdernos espiritualmente. Y después nos hace un llamado muy importante: vivan mis mensajes y pongan en vida cada palabra que les doy, que estas les sean preciosas porque vienen del cielo. Que estas palabras toquen profundamente nuestro corazón porque vienen del cielo, vienen de Dios para nosotros, para este momento de nuestra vida, para ayudarnos a regresar a él, para despertarnos espiritualmente, para conducirnos hacia la santidad. No dejemos pasar esta oportunidad ni este regalo tan grande. Y ahora, en esta preparación para Pentecostés, pidámosle con confianza al Espíritu Santo que venga a nuestra alma. Él está vivo, él escucha, él actúa, él transforma el corazón cuando se le invoca con humildad y amor. Tal vez no siempre veremos milagros espectaculares, pero comenzaremos a experimentar pequeños milagros del alma. Más paz, más claridad, más deseo de Dios, más fuerza, más esperanza, más amor, más luz interior como en el Cenáculo, María sigue orando con nosotros y por nosotros, esperando que el Espíritu Santo descienda nuevamente sobre nuestros corazones. Por eso, en estos días no tengamos miedo de repetir una y otra vez: Ven, Espíritu Santo