Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Queridos Hijos, Oren y Ayunen Con El Corazón.
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En esta reflexión comenzamos a profundizar el nuevo mensaje del 25 de mayo del 2026, donde la Virgen nos invita a vivir este tiempo en oración y ayuno. Descubrimos que María no nos llama solamente a prácticas exteriores, sino a aprender a orar y ayunar con el corazón. También recordamos sus palabras del mensaje de 1984: “Queridos hijos, ayunen y oren con el corazón”, comprendiendo que la oración verdadera es un don del Espíritu Santo que transforma el alma y nos ayuda a regresar a Dios, que es nuestra paz. ✨
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la Tierra. María nos acaba de regalar este 25 de mayo del 2026 un nuevo mensaje, un mensaje pequeñito en palabras, pero que encierra algo gigantesco espiritualmente. En unas cuantas líneas, la Virgen nos abre un tesoro inmenso sobre la oración, el ayuno y el regreso del alma a Dios. La Virgen empieza por decirnos: "Queridos hijos, que este tiempo sea para ustedes un tiempo de oración y de ayuno. Hijitos, en el amor regresen a Dios, que es su paz. Estoy con ustedes, hijitos, y los amo con mi ternura maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué hermoso que la Virgen diga que este tiempo sea para ustedes un tiempo de oración y de ayuno, porque no habla solamente de un momento cualquiera. Habla de este tiempo que estamos viviendo, un tiempo de gracia, un tiempo en el que el Padre sigue permitiendo que María esté con nosotros para guiarnos, despertarnos y ayudarnos a regresar a Dios. Y también un tiempo en el que nos estamos preparando para los cuarenta y cinco años de las apariciones este próximo 25 de junio. Cuarenta y cinco años en los que la Virgen ha venido llamándonos con paciencia, amor y ternura maternal. Quizás este sea también un tiempo para abrir más el corazón, para agradecer tantos años de gracia, tantos mensajes y tantas llamadas del cielo. Y qué hermoso recordar que desde hace muchos años la Virgen también nos ha invitado a ayunar en acción de gracias. En un mensaje del 20 de septiembre de 1984 dijo: "Pido a esta parroquia que ayune en acción de gracias porque Dios me ha permitido permanecer tanto tiempo en esta parroquia". Qué profundo es esto ahora que nos acercamos a los cuarenta y cinco años de las apariciones. Quizás este también sea un tiempo para agradecer tanta paciencia, tanta ternura maternal y tantos años en los que María ha permanecido guiándonos hacia Dios. Y quizás al escuchar este llamado podríamos pensar solamente en rezar más o en dejar de comer ciertas cosas. Pero la Virgen, desde hace muchos años, nos viene llevando a algo mucho más profundo. Ella nos dice: "Hoy los invito a comenzar a ayunar con el corazón. Hay muchas personas que ayunan solo porque todos los demás lo hacen y se ha convertido en una costumbre que nadie quiere abandonar. Queridos hijos, ayunen y oren con el corazón". Qué impresionante es esto. La Virgen no quiere solamente prácticas exteriores o costumbres vacías. Ella desea conducirnos a un encuentro verdadero con Dios, donde tanto la oración como el ayuno nazcan del corazón. Por eso la Virgen no nos está llamando solamente a rezar y ayunar más, sino a aprender a orar y ayunar con el corazón. El padre Slavko en su libro Ora con el corazón explicaba algo muy hermoso: que orar con el corazón es un don del Espíritu Santo y que debemos pedirlo. Qué importante es esto, porque la Virgen no nos está llamando solamente a repetir oraciones o cumplir prácticas exteriores. Ella desea que el Espíritu Santo vaya transformando poco a poco nuestra vida interior. La oración con el corazón cambia a la persona, sana el alma, trae paz al corazón y nos ayuda a regresar verdaderamente a Dios. Y también el ayuno vivido con el corazón deja de ser solamente un sacrificio exterior, se convierte en un camino de libertad interior, de desprendimiento, de combate espiritual y de regreso amoroso a Dios. El ayuno vacía y la oración llena de Dios